Las tonadas que mantienen herencias africanas exhiben una serie de características fundamentales: la primera, un marcado trasfondo mágico-religioso que está asociado con ceremonias rituales. Dentro de éstas se pueden destacar las prácticas fúnebres, los ritos asociados al nacimiento y las ceremonias de iniciación de los adolescentes. También se identifican por ser alegres y explosivas.
Los cantos afrocolombianos son de naturaleza individual y colectiva. Los segundos presentan un carácter ceremonial y son vitales para la reafirmación de la identidad cultural.
Por lo general, la interpretación de la música tradicional afrocolombiana está a cargo de conjuntos conformados por los cantadores (quienes efectúan el canto alternado de solistas y coro), los músicos para la ejecución instrumental y la participación de la concurrencia con batir de palmas y gritos. Los sonajeros y tambores son los instrumentos predominantes en dichas agrupaciones. Ellos son los encargados de producir variadas percusiones que constituyen la base tímbrica y rítmica del quehacer musical afrocolombiano.
En la música afrocaribeña la melodía está a cargo de los instrumentos de viento de ascendencia aborigen; el ritmo es marcado por los instrumentos de percusión y el canto está destinado a comentar episodios o sentimientos.
“la historia del desarraigo africano, que estaba hay, como el sonido de un rio, no podemos entender la música de Colombia, sin entender su historia. Las maracas son el aporte indígena y teñían un sentido sagrado, y los versos y elementos melódicos son europeos. Pero la columna vertebral de toda la música Colombiana viene del ritmo que le dio el Tambor. Todos los géneros nacionales fueron influidos por este elemento marginal”.

